Entre a mi nuevo centro de labores y cuando lo ví por primera vez a aquel redactor me quedé congelada del susto, era idéntico a E, el único hombre por el que perdí la razón, el trabajo, la dignidad, la felicidad, las ganas de amar, y todo lo que se puede perder en esta vida.
Cada vez que veo a Vargas, el corazón me late y se detiene al mismo tiempo no puedo evitarlo, y me dan tantas ganas de mirarlo fijamente y hundirme en esos ojos negros y a la vez achinados.
Ese rostro me hace acordar todo lo vivido en esa madrugada de marzo, cuando me quedé con él, cuando debía haber ido a trabajar, cuando debí ser responsable y no elegir quedarme durante horas entre sus brazos.
En esa mañana en que sus manos presurosas morían por quitarme la ropa y tener sexo, frené sus deseos con un rotundo "no".
"No", le dije hasta el final, y es que no podía entregarme a un completo desconocido, y en verdad no era ese el momento adecuado para ser sexualmente activa.
Después de permanecer toda la mañana con él y no ir a trabajar, empecé a pensar Todos ( mis compañeros ) sabían que me había quedado con él, incluso una chica nos vió durmiendo juntos.
Estaba perdida, lo sabía muy bien, pero en ese momento me deje llevar por sus besos, pero al pensar que podía llegar a más, me asusté y lo detuve con todas mis fuerzas, y lo conseguí.
Cuando llegó el lunes, mi jefe me dijo que estaba despedida por mi falta de ese día, y en ese momento ninguna palabra salió de mi boca, la verguenza me consumía. Yo que nunca había incumplido nada, ese maldito día perdí la cordura, me deje llevar y me perdí entre sus besos y caricias.
Estaba despedida por tonta, por ingenua, por loca y frenética. Desde que salí de mi trabajo, nunca lo volví a ver. Sufrí por él y no porque lo amará, sino porque por tonta, perdí tantas cosas, y oportunidades, perdí la cabeza por él, porque me gustaba.
No quiero perder la razón por alguien nunca más en la vida, por eso mi querido Vargas, nunca te hablaré. Pero no renunciaré a mirarte cuando estes concentrado, o cuando hables por teléfono.
No pienso repetir la historia de E, me costó demasiadas lágrimas, verguenza y dolor.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados